miércoles, 13 de abril de 2011

CHILE OCUPA EL PRIMER LUGAR RESPECTO A LA DESIGUALDAD (OCDE)

Martes 12 de Abril 2011 21:04 hrs.

“Lhttp://radio.uchile.cl/noticias/110246/a desigualdad en Chile es un problema estructural y no cíclico”

Loreto Soto
desigualdad
Un informe elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ubicó a Chile en el primer lugar de los países con peor distribución del ingreso y con los mayores índices de pobreza entre los miembros de esta entidad. Y pese a que tanto el Gobierno como el empresariado confían en que el crecimiento y la generación de empleos mejoren la situación, expertos aseguran que se trata de problemas estructurales derivados del sistema económico que impera en el país.
Un panorama poco alentador respecto de la distribución del ingreso en el país reveló este martes el informe “Panorama de la Sociedad”, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Según el documento, Chile ocupa el primer lugar respecto de la desigualdad de la distribución de los ingresos en su población y se posiciona en el tercero en cuanto a los índices de pobreza. Un diagnóstico que pone el dedo sobre la yaga, después de todas las gestiones que se realizaron para que nuestro país, finalmente, pudiera entrar al grupo de las naciones más ricas.
De acuerdo a lo que indicó la OCDE, Chile posee un coeficiente de Gini – que mide la desigualdad- de 0,50, mientras la media de la organización es de 0,31. Es decir, el país se encontraría al nivel de Brasil, México y Zambia. Por otro lado, se alcanza un total de 18,9 por ciento de pobreza, lejos del 10 por ciento en promedio que registran los países miembros de la OCDE.
Estas cifras, en todo caso, no son una sorpresa. De hecho, la encuesta Casen de 2009 – que se dio a conocer el año pasado- ya indicaba un aumento en la brecha de los ingresos autónomos entre los ricos y pobres durante el periodo 2009 – 2006. Así  el 10 por ciento más rico incrementó en un 9,1 por ciento sus ingresos, bordeando los 3 millones de pesos en promedio, mientras que el 10 por ciento más pobre redujo este ámbito en un 26 por ciento, alcanzando cerca de 63 mil pesos. La encuesta también reveló un aumento de la pobreza de un 13 a un 15 por ciento.
Frente a este escenario, el ministro de Planificación, Felipe Kast, comentó que “es una vergüenza social que en un país que crece tanto tenga estos niveles de pobreza y de desigualdad y, por lo mismo, estamos teniendo un gasto social muy fuerte e importante y no solamente eso, sino que un crecimiento económico que es la gran herramienta para destruir la pobreza. Sin empleo es muy difícil que podamos lograr el desafío de garantizarle a cada chileno, un lugar de dignidad”.
Con mayor optimismo , el presidente de la Confederación para la Producción y el Comercio (CPC), Andrés Concha, aseguró que estos indicadores son efectos de la crisis económica y que con la recuperación del crecimiento, el escenario volvería a ser favorable.
“Coincide con un periodo de desempleo y altos precios de los alimentos como ocurrió en 2009. Eso juega en contra de la distribución del ingreso. Esperamos que esas cifras puedan mejorar con la expansión de la economía y el aumento del empleo porque realmente la capacidad de insertar en el mundo del trabajo a la gente que está cesante o inactiva, genera un impulso que se ve altamente beneficiado en los sectores de menores ingresos”, dijo Concha.
Sin embargo, para el economista y director de la FLACSO, Andrés Solimano, la desigualdad en la distribución de los ingresos del país es un problema estructural que más allá de aspectos coyunturales, se relaciona con el sistema económico imperante en Chile y que no ha podido ser resuelto por ningún Gobierno en las últimas décadas.
“El índice de Gini está sobre el 50 por ciento en Chile hace por lo menos un cuarto de siglo. Puede tener vaivenes, como bajar la desigualdad en años de crecimiento económico y subir en periodos de recesión porque se afecta más a la fuerza laboral que pierde empleos e ingresos. Eso es cierto, pero todo eso pasa en torno a una media de desigualdad en torno a un 50 por ciento. Eso ya es un problema estructural y no parte de un ciclo”, precisó Solimano.
De hecho, Chile pasó de tener un ingreso per cápita de 4 mil 500 dólares en los ´80 a 13 mil en 2010 y la desigualdad se ha mantenido constante. “El crecimiento económico por sí mismo no cierra la brecha entre los ingresos”, afirmó el experto.
En este sentido, el economista indicó que existen ciertos factores de fondo que ayudan a perpetrar la inequidad a lo largo del tiempo. Entre ellos se incluye la concentración de la tenencia de activos de las grandes industrias en pocas manos; la falta de reducción de la brecha de los ingresos laborales entre los ejecutivos y la mano de obra; la disgregación de la fuerza sindical que disminuye el poder de negociación de los trabajadores y la inoperatividad de elementos que potencialmente podrían disminuir las desigualdad como la calidad de la educación pública que serviría como movilizador social.
A juicio de Solimano es necesario promover un consenso social para impulsar iniciativas como una Reforma Tributaria – el elemento por excelencia para reducir las brechas- y una Reforma Educacional que potencie la educación pública.

CHILE OCUPA EL PRIMER LUGAR RESPECTO DE LA DESIGUALDAD (OCDE)

Martes 12 de Abril 2011 21:04 hrs.

“La desigualdad en Chile es un problema estructural y no cíclico”

Loreto Soto
desigualdad
Un informe elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ubicó a Chile en el primer lugar de los países con peor distribución del ingreso y con los mayores índices de pobreza entre los miembros de esta entidad. Y pese a que tanto el Gobierno como el empresariado confían en que el crecimiento y la generación de empleos mejoren la situación, expertos aseguran que se trata de problemas estructurales derivados del sistema económico que impera en el país.
Un panorama poco alentador respecto de la distribución del ingreso en el país reveló este martes el informe “Panorama de la Sociedad”, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Según el documento, Chile ocupa el primer lugar respecto de la desigualdad de la distribución de los ingresos en su población y se posiciona en el tercero en cuanto a los índices de pobreza. Un diagnóstico que pone el dedo sobre la yaga, después de todas las gestiones que se realizaron para que nuestro país, finalmente, pudiera entrar al grupo de las naciones más ricas.
De acuerdo a lo que indicó la OCDE, Chile posee un coeficiente de Gini – que mide la desigualdad- de 0,50, mientras la media de la organización es de 0,31. Es decir, el país se encontraría al nivel de Brasil, México y Zambia. Por otro lado, se alcanza un total de 18,9 por ciento de pobreza, lejos del 10 por ciento en promedio que registran los países miembros de la OCDE.
Estas cifras, en todo caso, no son una sorpresa. De hecho, la encuesta Casen de 2009 – que se dio a conocer el año pasado- ya indicaba un aumento en la brecha de los ingresos autónomos entre los ricos y pobres durante el periodo 2009 – 2006. Así  el 10 por ciento más rico incrementó en un 9,1 por ciento sus ingresos, bordeando los 3 millones de pesos en promedio, mientras que el 10 por ciento más pobre redujo este ámbito en un 26 por ciento, alcanzando cerca de 63 mil pesos. La encuesta también reveló un aumento de la pobreza de un 13 a un 15 por ciento.
Frente a este escenario, el ministro de Planificación, Felipe Kast, comentó que “es una vergüenza social que en un país que crece tanto tenga estos niveles de pobreza y de desigualdad y, por lo mismo, estamos teniendo un gasto social muy fuerte e importante y no solamente eso, sino que un crecimiento económico que es la gran herramienta para destruir la pobreza. Sin empleo es muy difícil que podamos lograr el desafío de garantizarle a cada chileno, un lugar de dignidad”.
Con mayor optimismo , el presidente de la Confederación para la Producción y el Comercio (CPC), Andrés Concha, aseguró que estos indicadores son efectos de la crisis económica y que con la recuperación del crecimiento, el escenario volvería a ser favorable.
“Coincide con un periodo de desempleo y altos precios de los alimentos como ocurrió en 2009. Eso juega en contra de la distribución del ingreso. Esperamos que esas cifras puedan mejorar con la expansión de la economía y el aumento del empleo porque realmente la capacidad de insertar en el mundo del trabajo a la gente que está cesante o inactiva, genera un impulso que se ve altamente beneficiado en los sectores de menores ingresos”, dijo Concha.
Sin embargo, para el economista y director de la FLACSO, Andrés Solimano, la desigualdad en la distribución de los ingresos del país es un problema estructural que más allá de aspectos coyunturales, se relaciona con el sistema económico imperante en Chile y que no ha podido ser resuelto por ningún Gobierno en las últimas décadas.
“El índice de Gini está sobre el 50 por ciento en Chile hace por lo menos un cuarto de siglo. Puede tener vaivenes, como bajar la desigualdad en años de crecimiento económico y subir en periodos de recesión porque se afecta más a la fuerza laboral que pierde empleos e ingresos. Eso es cierto, pero todo eso pasa en torno a una media de desigualdad en torno a un 50 por ciento. Eso ya es un problema estructural y no parte de un ciclo”, precisó Solimano.
De hecho, Chile pasó de tener un ingreso per cápita de 4 mil 500 dólares en los ´80 a 13 mil en 2010 y la desigualdad se ha mantenido constante. “El crecimiento económico por sí mismo no cierra la brecha entre los ingresos”, afirmó el experto.
En este sentido, el economista indicó que existen ciertos factores de fondo que ayudan a perpetrar la inequidad a lo largo del tiempo. Entre ellos se incluye la concentración de la tenencia de activos de las grandes industrias en pocas manos; la falta de reducción de la brecha de los ingresos laborales entre los ejecutivos y la mano de obra; la disgregación de la fuerza sindical que disminuye el poder de negociación de los trabajadores y la inoperatividad de elementos que potencialmente podrían disminuir las desigualdad como la calidad de la educación pública que serviría como movilizador social.
A juicio de Solimano es necesario promover un consenso social para impulsar iniciativas como una Reforma Tributaria – el elemento por excelencia para reducir las brechas- y una Reforma Educacional que potencie la educación pública.

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