Estimados Estudiantes/as:
Ha sido un gran honor y motivo de grandes aprendizajes haberlos acompañado durante el año 2011.
Lo que ferviente deseo es que sean buenas personas, buenos ciudadanos: pensantes, reflexivos, cultos y activos.
http://2011eda.blogspot.com/
http://healing-bioenergia.blogspot.com/
http://oracionydialogo.blogspot.com/
Atte. jlflores, facilitador.
http://www.patagoniasinrepresas.cl/final/contenido.php?seccion=problema_modelo
Hoy en Chile el “desarrollo” avanza a un ritmo frenético. Enormes proyectos industriales reciben sanciones políticas positivas para generar crecimiento económico en el corto plazo sin importar sus costos sociales, culturales, económicos y ecológicos negativos inmediatos, y menos aún los de largo plazo. Pangue, Ralco, Pascua Lama, Celco; millones de hectáreas de plantaciones de especies exóticas de crecimiento rápido, cuyo único destino es la tala rasa, enormes obras viales inconsultas, son sólo algunos ejemplos. Mientras en todas las regiones del país cunde la degradación social y ambiental, en Santiago cada día brotan más rascacielos, cada vez más altos y ostentosos.
Las represas contribuyen a orientar los procesos sociales hacia una creciente centralización y concentración del poder, en todas sus formas, así como del control de los recursos naturales y del capital, lo que conduce, a la postre, a sistemas políticos tan autoritarios, jerarquizados e inequitativos, como ingratos e inestables
Los elevados niveles de destrucción ecológica y los graves problemas ambientales que acompañan a estos megaproyectos son consecuencia directa de un cierto tipo de modelo de desarrollo que en Chile comenzó a ser instalado con la conquista española y que fue consolidado manu militari. La proliferación de grandes represas hidroeléctricas y de otros megaproyectos energéticos intensivos en capital, y altamente destructivos, asociados, a su vez, a otros emprendimientos industriales a gran escala con similares características, son la manifestación más clara de un patrón, en gran medida importado, que pareciera que los países en vías de desarrollo tenemos que tragarnos entero, o perecer. La severa degradación de biorregiones, ecosistemas, cuencas, ríos y de las culturas y comunidades locales, es consustancial a la naturaleza de las grandes centrales hidroeléctricas. Estas, lejos de ser tecnologías neutras, contribuyen a orientar los procesos sociales hacia una creciente centralización y concentración del poder, en todas sus formas, así como del control de los recursos naturales y del capital, lo que conduce, a la postre, a sistemas políticos tan autoritarios, jerarquizados e inequitativos, como ingratos e inestables.
Los desarrollistas argumentan que nuestros países deben inexorable e inevitablemente —como si fuese un rito societal de iniciación— pasar a través de esta fase de depredación y destrucción para poder consolidar una infraestructura básica y cimientos económicos. Según esta lógica, solamente entonces —y los países europeos son esgrimidos como ejemplo— se puede gradualmente comenzar a desfasar este modo de subdesarrollo y a implementar formas de producción menos dañinas y conservar lo que, a esa altura, vaya quedando de naturaleza. Tal argumentación contradice en forma fundamental las realidades ecológicas más básicas. El último informe global de la WWF, Informe Planeta Tierra Viviente – 2006, consigna claramente que los países así llamados “desarrollados” o “ricos”, son los que están dejando, sin sombra de duda, la mayor “huella ecológica” en el planeta, o sea que son los que están causando la mayor destrucción ecológica global, ya sea en forma directa en sus propios territorios, o en aquellos adonde han exportado sus “maquilas” —donde han instalado sus manufacturas—, o desde donde importan las materias primas para sus industrias. Las mayores huellas ecológicas las exhiben hoy, en primer lugar, los Emiratos Árabes Unidos, en segundo lugar Estados Unidos, seguidos por Finlandia, Canadá, Kuwait, Australia, Estonia, Suecia, Nueva Zelanda y todos los países europeos.
Este argumento de la necesaria fase destructiva del desarrollo, seguida de una supuesta homeostasis no es más que una racionalización para justificar la depredación en los países del Tercer Mundo. Los países “desarrollados” en la forma que hemos descrito destruyen medio ambiente ad infinitum.
A muchos nos parece obvio, porque nos ha quedado claro desde hace bastante tiempo, que el supuesto “desarrollo” al estilo norteamericano, que busca un crecimiento económico sostenido basado en la conversión ilimitada, descontrolada de capital natural en capital monetario, no es progreso, sino por el contrario, es un proceso involutivo, destructivo, que conduce al colapso social y ambiental. En primer lugar, justamente porque el tipo de desarrollo en cuestión degrada y destruye masivamente la naturaleza, que es la única estructura orgánica que puede darnos calidad de vida y, en segundo lugar, porque la máquina social necesaria para efectuar esta autodestructiva explotación sin sentido genera una creciente patología social y cultural, que es exactamente la otra cara de este proceso de autodestrucción ecológica, dinamizado por la ambición de lograr una infinita “riqueza” material.
La pretensión de destruir las cuencas de ríos como el Baker, el Pascua, el Futaleufú, el Puelo debiera dolernos como una herida; como una pérdida personal, local, nacional y global.
Durante los últimos años, nuestras campañas por la defensa de los ríos de Chile y de sus cuencas y ecosistemas asociados, han contribuido a ampliar nuestra percepción de la realidad, tanto humana como de la naturaleza, y de la íntima interrelación entre ambas. Si fuésemos más sensibles o estuviésemos mejor informados, la pretensión de destruir las cuencas de ríos como el Baker, el Pascua, el Futaleufú, el Puelo debiera dolernos como una herida; como una pérdida personal, local, nacional y global.
Estamos intentando detener la construcción de mega represas destructivas en nuestros bellos, vitales, cortos y frágiles ríos, y, contribuir a elevar la conciencia ambiental y a empoderar a las comunidades locales y a la ciudadanía en general.
Defender ahora los ríos Baker, Pascua, Futaleufú, Puelo, Cuervo y otros ríos y cuencas de la Patagonia es un deber ineludible y un derecho ciudadano.
Viernes, 20 de Mayo de 2011 08:40 Lucía Sepúlveda Ruiz
Presento aquí el registro de plantas "patentadas", o en lenguaje oficial, plantas registradas por un obtentor, bajo normas del convenio internacional de "protección" de semillas UPOV año 78 y según lo dispuesto en la Ley 19.342, del año 1994, que creó el Registro de Variedades Protegidas. Toda la información es oficial al 31 de Marzo de 2011, del Servicio Agrícola y Ganadero SAG.
Estas variedades –más de 700 - cuentan con 15 a 18 años de protección según de qué especie se trate. La "protección" es lo que le permite al obtentor (la transnacional o la entidad que inscribió la planta en el registro) cobrar por esa semilla y paulatinamente irla imponiendo en el mercado. Como se verá, la inmensa mayoría de los obtentores son extranjeros, mayoritariamente de Estados Unidos, pero también los hay de Europa, Nueva Zelanda y otros. Ellos registran variedades híbridas pero también podría haber transgénicos para semilleros de exportación, aunque el registro del SAG no explicita esa distinción.
Aprobación ilegal
Recientemente el Senado aprobó la adscripción de Chile al Convenio UPOV 91, una versión actualizada del convenio de “protección” de semillas por el que se rige hasta ahora el país. Pero 10 senadores de la República plantearon al Tribunal Constitucional que esta aprobación fue ilegal en cuanto a los procedimientos, entre otras razones por omitir la consulta a los pueblos indígenas en un asunto que les atañe directamente. Los argumentos del gobierno son que este convenio protege los intereses de los medianos y pequeños agricultores chilenos e innovadores, a contrapelo de lo que ha ocurrido a nivel mundial con las variedades locales después que una transnacional monopoliza la semilla. En la India, por ejemplo, se han perdido miles de variedades de arroz debido a la imposición de las variedades “mejoradas” genéticamente. Las comercializadoras sacan del mercado las semillas tradicionales y deciden vender solo lo que les da mayor rentabilidad: sus semillas registradas.
Esa es la perspectiva de estas industrias que buscan ampliar sus metas de registro, mientras por otra parte en Chile se vive un proceso de fortalecimiento de la agricultura orgánica y en paralelo, cada vez más comunidades campesinas e indígenas e incluso colectivos en huertos urbanos, retoman los métodos agroecológicos y defienden su tierra de los efectos de los agrotóxicos. Ellos y muchos consumidores conscientes y madres preocupadas de la salud de sus hijos e hijas, están de vuelta de la llamada revolución verde que impuso el uso de plaguicidas y fertilizantes y no aceptan su segunda versión verde en clave de transgénicos, propagandizada por las empresas como la solución al problema del hambre y los bajos rendimientos.
Vía Campesina, un movimiento internacional de campesinos y campesinas de carácter autónomo, plural e independiente conformado por 148 organizaciones de 69 países de Asia, Africa, Europa y el continente americano, señala al respecto: “La industria ha ‘mejorado" las semillas para que no puedan ser cultivadas sin la ayuda de productos químicos dañinos, para que sean cosechadas con maquinaria pesada, y que soporten preservación artificial durante las largas distancias de transporte. Pero ha dejado de lado características importantes para nuestra salud …Las semillas han perdido su valor nutricional y están saturadas de venenos químicos; son la raíz de numerosas enfermedades crónicas y alergias generalizadas, así como de la contaminación de la tierra, el agua y el aire que respiramos.
En cambio, los sistemas campesinos de rescate, revalorización, conservación y adaptación local gracias a la selección y a la reproducción en los campos de los campesinos, así como los intercambios de semillas entre campesinos, mantienen y aumentan la biodiversidad genética del sistema alimentario mundial, y nos confieren también la capacidad y flexibilidad para afrontar ecosistemas diversificados, climas cambiantes y el hambre en el mundo. “
Variedades ya inscritas por Monsanto
En Chile, la insaciable transnacional Monsanto ya tiene inscritas en el Registro de Variedades gestionado por SAG 4 variedades de arveja, una variedad de cilantro, 4 de cebolla, 4 de poroto, 3 de lechuga, 4 de melón, 2 de tomate; a ello se agregan 4 de trébol, 2 de trigo y 3 de ballica (a través de ANASAC, cuya división de semillas pertenece a esa trasnacional).
El registro más numeroso en el país es el de frutales, en el que hay 382 variedades inscritas, la mayoría de ellas por empresas de Estados Unidos cuyo gobierno está entre los principales lobbystas en materia de propiedad intelectual y de transgénicos. Una variedad de damasco registrada por el Ministerio de Agricultura de USA fue autodenominada robada.
Apenas 3 variedades de frutales fueron inscritas por INIA. Todo el resto pertenece a empresas de Canadá, Nueva Zelanda, Israel, Sudáfrica, China y países europeos. Esto plantea desde ya dificultades para los investigadores chilenos que quisieran trabajar con plantas ya inscritas.
La uva "chilena"
El Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias INIA, de Chile, sólo ha registrado 2 variedades de vides, en forma provisoria. Cuatro de las variedades de las vides registradas por SAG pertenecen al Ministerio de Agricultura de Estados Unidos, dentro de un total de 21 registros de empresas del país de Obama. Asimismo existen 3 registros de vides de Israel, 3 de Sudáfrica y 1 de Australia.
Tres variedades de la yerba de San Juan (hiperico), un antidepresivo natural, están registrada por Kolster, de Holanda. En esta sección del registro del SAG no figuran, curiosamente, otras yerbas medicinales. Sí se puede ver que diversas empresas de Holanda han inscrito más de 70 variedades de Lillium oriental.
Especies Agrícolas
Ya están inscritas por otra parte las siguientes especies alimentarias y/o forrajeras: Alcachofa, Arroz , Arveja, Avena, Avena strigosa, Ballica híbrida, Ballica italiana, Ballica inglesa, Bromo, Cebada , Cebolla , Chícharo, Cilantro , Fréjol, Lechuga , Lenteja , Lupino, Maíz, Melón Orégano Papa Pasto ovillo ,Pepino , Quinoa Tomate, Trébol blanco , Trébol rosado, Trébol subterráneo ,Trigo candeal , Trigo panadero Triticale, y Zapallo italiano.
Especies Forestales
Eucaliptus, Lenga ambas variedades registradas por el Instituto Forestal, adscrito al Ministrio de Agricultura.
En la web del sag se encuentra la información del detalle de los dueños de estas variedades ya registradas, incluidos además de los ya citados, empresas holandesas (flores), así como universidades y empresas norteamericanas. Esta es solo una parte de la información requerida por los distintos sectores sociales y ambientales activados por los proyectos que están poniendo en peligro la semilla campesina e indígena. Conocer el “estado del arte” de los obtentores actuales permitirá evaluar los futuros escenarios en que deberán actuar las organizaciones campesinas, los consumidores, ambientalistas, y en general quienes están por defender el derecho a que los chilenos dispongamos de alimentos sanos, que correspondan a nuestra cultura y culinaria, en lugar de que se nos imponga una dieta tóxica que beneficiará los bolsillos de las transnacionales que venden semillas transgénicas y plaguicidas.
El debate sobre los transgénicos en Chile empieza cuando la transnacional Monsanto, evaluada como la peor empresa del mundo en 2010, ya ha sido autorizada para operar en nuestro territorio.
La reciente ratificación en el Senado del polémico convenio Upov 1991 reveló una realidad escalofriante para los chilenos: la empresa norteamericana Monsanto, en el corto plazo, será la dueña de la mayoría de las semillas campesinas e indígenas de nuestro país, esto debido a que tarde o temprano las especies transgénicas –patentadas por Monsanto– se cruzarán con las nativas o puras, ubicadas en predios y campos vecinos, generando “hijos mutantes” que llevarán la marca registrada de la transnacional dueña del “híbrido”.
Esta estrategia es utilizada por Monsanto en todo el mundo, pues le permite en un corto plazo, controlar el negocio de las semillas. Así lo ratifica Dan Ravicher, director ejecutivo de la Fundación Pública de Patentes (PUBPAT, por sus siglas en inglés), quien durante una reciente demanda realizada en Estados Unidos contra la transnacional, señaló que “algunos piensan que las semillas transgénicas pueden coexistir con las orgánicas, pero la historia nos dice que esto no es posible, y actualmente el interés financiero de Monsanto es eliminar las semillas orgánicas para que puedan tener el monopolio total sobre nuestra cadena de alimentos”.
De acuerdo con la información del sitio web de PUBPAT, efectivamente, algunos cultivos han resultado contaminados con semillas transgénicas de manera accidental, por ejemplo por polinización cruzada. Por ello aseguran que “parece perverso que un agricultor orgánico pueda ser acusado de infringir los derechos de patentes, pero Monsanto ya ha hecho previas acusaciones”.
Estas ideas yan han sido ampliamente difundidas por la periodista francesa y experta en agroalimentación, Marie- Monique Robin, quien publicó un libro sobre Monsanto, empresa que actualmente es líder mundial en agroquímicos y manipulación de semillas, y prácticamente domina la industria alimenticia internacional, pues tiene derechos sobre la mayoría de la variedades agrícolas.
Según Robin, “en 1992 Monsanto logró que el gobierno norteamericano le permitiera patentar semillas, y hoy la empresa tiene entre sus registros más de 1.000 variedades, todas con fines específicos. Por ejemplo, en Cataluña y Andalucía se cultivan cientos de hectáreas de una variedad llamada BT, por el Bacillus Thurigiensis, una bacteria que se encuentra en el suelo y que es un insecticida natural. Lo que Monsanto hizo fue extraer el gen del BT que produce la defensa a los insectos, y lo inyectaron en el genoma del maíz. El punto es que el insecto que ataca al maíz, llamado piral, no es el único que se aniquila, también caen mariposas, pájaros insectívoros, microorganismos del suelo y otros insectos benéficos y polinizadores”.
La experta francesa agrega que “la situación apenas comienza ahí, pues algunos de los efectos en humanos son las alergias alimenticias, por comer pesticidas sin saberlo. Nuestros cuerpos se encuentran con toxinas que no pueden asimilar. Además este maíz es fértil y por lo tanto se cruza con otros, polinizando variedades puras que se van perdiendo. El tema es grave y muy extenso, pues Monsanto ha avanzado legalmente por el mundo y tiene las leyes a su favor. La escala de competencia es adversa”.
CHILE TRANSGÉNICO
El rechazo en nuestro país a la ratificación del Upov 1991 ha venido de distintos lados. La Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Anamuri) y la Fundación Terram fueron invitadas a expresar su opinión ante el Senado, mientras que el año 2010 en la Cámara de Diputados, la misma Anamuri, Ranquil, los productores orgánicos, el obispo de Aysén, Rapal, la Alianza por una Mejor Calidad de Vida, Grain, Olca, y otras organizaciones regionales y locales, ya habían expuesto su rechazo a este convenio y al proyecto de ley de obtentores.
Para la directora ejecutiva de la Fundación Terram, Flavia Liberona, todo parte con la suscripción del convenio Upov 1978, el cual se diferencia del 1991 –recientemente aprobado en el Senado–, en que este último estipula claramente que se requiere la autorización del obtentor (dueño de la marca) para la producción o reproducción de semillas para cualquier otro fin.
Liberona indicó que “esto ha llevado a que no todos los países que han suscrito a Upov 1978, han adherido a Upov 1991. Hablamos de Argentina, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Canadá, China, Colombia, Ecuador, Francia, Irlanda, Italia, México, Noruega, Paraguay, Portugal y Uruguay”.
La Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, Upov, es una organización propiciada por las transnacionales comercializadoras de semillas y respaldada por los gobiernos, de la que Chile es parte. En los primeros años producían híbridos y hoy también transgénicos. Entre ellas están las empresas Monsanto –que controla más del 90% del mercado de la semilla transgénica– Syngenta, Bayer, y Dupont/Pioneer.
PIDEN INTERVENCIÓN DE LA ONU
Para la Red Legislativa Indígena y de Politicas Públicas, este convenio Upov “refuerza un régimen de propiedad leonina y abusiva sobre plantas y variedades vegetales que no se pueden patentar, pero que se pueden apropiar vía los denominados derechos del obtentor vegetal. No entendemos cómo un Convenio Internacional, que se tramita como ley, y que tiene efectos tan graves en los pueblos indígenas, no es consultado como lo dice el Convenio 169 suscrito por el Estado de Chile”
En la Red denuncian que “por ejemplo, el artículo 14 número 2) del Convenio Upov 1991 señala que se requerirá la autorización del obtentor o dueño, es decir, de la transnacional, para la reproducción y la posesión del producto de la cosecha, incluidas plantas enteras y partes de plantas, es decir, ahora las empresas extranjeras serán dueñas de las cosechas”.
Flavia Liberona de Terram se suma a esta crítica y advierte que esto “pone en riesgo a la agricultura familiar campesina e indígena, y también sus usos tradicionales, puesto que las variedades que han sido desarrolladas por dichas comunidades podrían ser registradas por otros y de este modo prohibirles su uso”.
Además, tanto la Red como la Liberona coincidieron en señalar que “el Convenio Upov 1991 renuncia a la soberanía de Chile como país, pues en el artículo 10 se dispone que el Estado no podrá negarse a la concesión de un derecho de obtentor o limitar su duración, argumentando que la protección para la misma variedad no ha sido solicitada, o que ésta ha sido denegada o que ha expirado en otro Estado o en otra organización internacional”. La misma Fundacion Terram señala que con ello se desprotege a los pequeños campesinos y comunidades indígenas que han desarrollado variedades para su uso, ya que las variedades podrían ser inscritas por cualquiera persona, sin respetar los derechos del verdadero obtentor.
En la Red agregan que “el Gobierno ha reconocido que de las 700 variedades vegetales chilenas apropiadas en Chile, 615 están en manos de transnacionales. Durante la tramitación del Convenio, el ministro de Agricultura, José Antonio Galilea, señaló que modificarán la ley vigente luego de la aprobación del tratado para permitir que los agricultores pequeños puedan guardar algo de lo apropiado por las transnacionales para autoconsumo. ¿Y de que vivirán las comunidades indígenas, del autoconsumo? Esto para nosotros no representa seguridad alguna, pues son meras palabras del ministro. Luego lo cambian y llega otro Ministro que hará algo distinto. Ya estamos cansados de mentiras. Por eso queremos consulta, amparada por el Convenio 169 de la OIT y supervisada por la OIT y la ONU”.
Por esto, los integrantes de la Red enviaron una carta a Guido Girardi, presidente del Senado, para que “haga las gestiones como jefe del poder legislativo de implementar de manera urgente la consulta indígena para todos los proyectos de ley que usurpan el patrimonio ancestral de nuestros pueblos”.
Firmaron esa carta Ariel León Bacian, presidente de la Corporación Aymara Jach-a Marka Aru, Francisco Vera Millaquen, werken de la comunidad huilliche Pepiukelen, y Rafael Tuki Tepano, consejero indígena por el pueblo Rapa Nui ante la Conadi.
El debate se viene, pero lo más importante es que la información pudo salir a pesar del bloqueo informativo que impera en los grandes medios de comunicación sobre éste y otros temas. Ya son miles las personas que en las redes sociales de Chile y Latinoamérica manifiestan su repudio a la llegada de Monsanto y su industria de transgénicos, otro de los temas que tiene actualmente a nuestro país bajo alerta ambiental.
El miércoles de la semana pasada la Cámara de diputados aprobó un proyecto de ley sobre la violencia escolar. Falta aún un trámite constitucional a la propuesta para ser ratificada. El proyecto se enfoca sobre criminalización de los establecimientos escolares disminuyendo el tema central de la convivencia escolar.
El miércoles pasado, la Cámara de diputados aprobó con 103 votos a favor un proyecto de ley contra la violencia escolar.
Impulsado en octubre del año pasado por los senadores Andrés Allamand (RN), Ignacio Walker (DC), Andrés Chadwick (UDI), Carlos Cantero (IND) y Ricardo Lagos Weber (PPD), el texto “busca prevenir, impedir y sancionar los casos de ‘matonajes escolares’, también llamado bullying, y promover la buena convivencia en los colegios” según indica la pagina web Ciudadano Inteligente.
PROMOCIÓN DE LA BUENA CONVIVENCIA Y MULTA A LOS ESTABLECIMIENTOS
Una vez aprobada la propuesta obligará a los establecimientos escolares a asumir los problemas de violencia y establecer sanciones. En concreto, dará luz verde al MINEDUC (Ministerio de Educación) para multar los establecimientos que no se hacen cargo de los problemas de acosos escolares o que no implementan proyectos para mejorar la convivencia en la escuela. Si las medidas implementadas por un establecimiento son juzgadas insuficientes, el MINEDUC podrá pedir hasta 50 UTM (dos millones de pesos). El monto de la multa se podría duplicar en caso de reincidencia.
En concreto, la ley prevé el establecimiento de un Comité Escolar o un Comité de Buena Convivencia para regular las situaciones tensas, prevenir todo tipo de violencia física o sicológica.
También requiere contratar a personal encargado de Convivencia Escolar, para que se implementen todas las normas que decida el Comité de Buena Convivencia a través de un plan de gestión adecuado.
Además, cualquier caso de matonaje será necesariamente comunicado por los padres, apoderados, profesores y directivos de un establecimiento con el fin de tomar medidas al respecto.
Por fin, obligará a la creación de un reglamento interno a las escuelas que “regule las relaciones entre el establecimiento y los distintos actores de la comunidad escolar”, precisó la presidenta UDI de la Comisión de Educación de la Cámara Baja, María José Hoffman.
Para estar aprobado, el proyecto de ley tiene que subir un tercer trámite constitucional: volverá al Senado para que se pronuncie sobre las modificaciones introducidas por la Cámara.
LEGISLANDO SEGÚN LA CONYUNTURA
El ministro de educación Joaquín Lavín, el senador independiente Carlos Cantero y el parlamentario socialista Manuel Monsalve, están de acuerdo en subrayar la necesidad de legislar sobre el bullying cuyas cifras van en constante aumento, según sus dichos.
Cantero subrayó el año pasado que el Ministerio de Educación “anunció un aumento en las denuncias de un 57 por ciento, sobrepasando los mil seiscientos casos en lo que va del año, lo que sumado a un informe de UNESCO que confirma que en Chile existe el peor clima escolar entre 16 naciones evaluadas […]”
El proyecto de ley “es una buena medida, porque como sociedad debemos tomar las riendas ante estos hechos […] [el bullying es] uno de los grandes flagelos estudiantiles de esta época” añadió el senador.
El integrante de la Comisión de Educación y miembro del partido socialista Manuel Monsalve, explicó que “ […] en los colegios en Chile, […] el 32 por ciento de los estudiantes ha sido víctima de algún tipo de agresión psicológica o física, y un alto porcentaje de esta violencia proviene desde los propios compañeros”, según relata Radio Bio Bio.
Sin embargo, el bullying no es un fenómeno social nuevo y sólo aparece porque la psicología lo nombra como tal.
Según indica el psicólogo Rodrigo Cornejo en una “Alerta educativa” del OPECH (Observatorio de las Políticas Educativas Chilenas) una parte mínima de la población está afectada: Las cifras no alcanza el 1 o 2% de la población escolar.
Además, el bullying corresponde a un triángulo integrado por el acosador, el abusado, y el entorno que se hace cómplice en un circulo de silencio. Es una situación de maltrato permanente- no se trata de una simple pelea en el recreo - que en la mayoría de las veces no se expresa de manera física.
Eric Carafi, profesor del Núcleo de Investigación de Educación y Convivencia Escolar (Sociología – U. de Chile) explicó que “no es algo nuevo en la escuela, siempre ocurrió, y es parte de la cultura escolar. Más que ver las cifras y ver el maltrato escolar desde la víctima y el victimario –que es una manera de simplificar el fenómeno y no de resolverlo- hay que mirar mas allá del fenómeno”.
El psicólogo por su parte destacó que hay que preocuparse que el fenómeno existe pero no por su sur-mediatización o por la coyuntura. Es un fenómeno específico que se debe entender en un marco más grande, o sea el del contexto escolar de convivencia.
CRIMINALIZACIÓN Y PENALIZACIÓN
La violencia escolar corresponde a conflictos de convivencia. Sin embargo, a poner el énfasis sobre el castigo de los alumnos y sus establecimientos, eso no va a zanjar el problema. Una vez desplazado del establecimiento, el acosador será reemplazado, y el problema va seguir ocurriendo.
El profesor Carafi explica que el sistema de multas lleva a que “uno focaliza el tema de la convivencia escolar en el tema del maltrato o de lo que está conocido como ‘bullying’, lo que hace más que reducir el tema de la convivencia a una cuestión disciplinaria, a una cuestión que tiene que ver con penalización y castigo”.
Con las multas, “las escuelas en vez de estar apoyadas van a ser castigadas, en vez de entregarles recursos se le van a quitar” añadió.
El presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo comparte el análisis: “Hay que enfrentar estos temas [de violencia escolar] con políticas preventivas y no solo represivas. Es necesario que haya modificación del currículum, se deben crear espacios para resolver los conflictos de manera más democrática, que haya participación de los actores”.
Ya existe un sistema de multa en la ley de Subvención Escolar Preferencial del 2008. Valentina Quiroga de Educación 2020 explica que se obliga a todos los establecimientos que reciben la subvención preferencial, a presentar un plan de mejoramiento en cuatro áreas, cuya área de la convivencia escolar. Prácticamente todas las escuelas municipales suscritas al proyecto de ley y un gran porcentaje de las particulares subvencionadas implementaron estos planes. Así, si las escuelas no cumplían con los estándares o no alcanzaban los objetivos que ellas mismos habían puesto, corrían incluso el riesgo de estar cerradas.
“Si esto no estaba funcionando antes, es raro pensar que por el hecho de que ahora tengamos multas esto va a empezar a funcionar. […] Las multas va a tener poco impacto” destacó Quiroga.
CONTEXTUALIZANDO LA VIOLENCIA ESCOLAR
Los establecimientos escolares no están desvinculados al resto de la sociedad, si bien la violencia escolar tiene que ver con el contexto en el cual se desarrollan los alumnos, profesores, docentes, auxiliares, etcétera.
Según Carafi “la violencia no es propia de la escuela, sino que el contexto ingresa a la escuela”. La violencia escolar es un problema social y que se expresa en la escuela pero no significa que la escuela sea una burbuja” añadió Gajardo.
El psicólogo Cornejo analiza también que a la violencia normativa de la escuela se le responde más violencia. Así, algunos establecimientos cometen acciones que significan muchas violencias para los estudiantes, para los docentes y todos los que vienen a la escuela.
El profesor Carafi describe el sistema escolar chileno como un sistema ultra segmentado por clase sociales, competitivo, que pasa con los que no están aceptados: Son fenómenos de violencia muy claros. Además, no hay movilidad social, oportunidades sociales, el curricular no hace sentido para los estudiantes, etcétera.
Destaca el ejemplo de los reglamentos internos de los colegios en los cuales los deberes de los estudiantes superan sus derechos. Los alumnos están “como saturados de obligaciones y restringidos también al ejercicio de sus derechos. Nuestros estudios indican que muchos manuales de convivencia transgreden derechos fundamentales consagrados en la Constitución política, por ejemplo el derecho a una legítima defensa. Muchos manuales no tienen contemplado que alguien que va a ser sancionado pueda apelar a esta sanción”.
LA CONVIVENCIA ESCOLAR
La violencia escolar tiene que ver mayoritariamente con conflictos de convivencia dentro del establecimiento educacional. El enfoque de la propuesta de ley aprobado por el Senado si trata del tema de la convivencia se enfoca mayoritariamente sobre el castigo de las normas.
Para Quiroga, “los docentes no están formados para abordar estos temas y además tienen condiciones de trabajo que no les permiten hacerse cargo del tema. Por eso, laley tiene dos o tres elementos que podrían abrir un camino: Incorpora capacitación para los profesores y la comunidad escolar en general”.
Sin embargo, para el profesor Carafi, lo que va pasar con estos comités de Convivencia y “lo que frecuentemente ocurre en la realidad es que se busca a alguien en el establecimiento y se asigna nominalmente un cargo, pero no se piensa sobre un plan o sobre acciones concretas con respecto a fenómenos de la convivencia”.
Explicó que la convivencia se ve desde la disciplina escolar – el cumplimiento o la falta a las normas- y no desde las relaciones sociales dentro del establecimiento. “Es una visión muy normativa, así creen crear una nueva burocracia que aborde las temáticas pero con un fuerte énfasis normativo que anule la capacidad de los actores locales de resolver sus problemáticas”, añadió el académico.
Más allá de las normas, la convivencia escolar tiene que ver con la cotidianidad de un establecimiento, su curricular, el aprendizaje de la ciudadanía o sea las relaciones sociales.
Estudios demostraron que cabe instalar nuevas prácticas del conjunto de la comunidad escolar sobre las relaciones para que los individuos se hagan cargo de sus relaciones con los demás de la comunidad escolar. Capacitar los docentes es una cosa pero los otros actores también tienen que ser formados: Los estudiantes, por ejemplo pueden ser mediadores/as apoyando la labor de los directivos.
Carafi deploró que el implemento de estas prácticas es algo puntual y que “no se habla del problema de fondo que tiene que ver con la inversión en la educación pública, la profundización en metodología, capacitación, desarrollo de habilidades y dispositivos que permitan abordar estos tipos de situaciones en sus contextos particulares. Hay declaraciones y promesas pero a las escuelas llega poco”.
Informaciones del Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) registran más de 11 mil 11 mil reclamos contra empresas de electricidad, agua potable y gas, lo que significa el cuarto lugar de los mercados más reclamados. Cobros indebidos e interrupciones en el suministroson las principales quejas.
El 75% de los reclamos se concentran en electricidad, seguido por el agua potable (14,2%) y el gas (11%). “No obstante, por tratarse de servicios masivos, probablemente cada reclamo puede esconder muchos más”, indica el Servicio.
Las quejas apuntan a cobros indebidos que no corresponden al consumo, cobros por corte y reposición; cobros por tratamiento de aguas servidas que no corresponden; cuentas que no llegan y cobros acumulados; interrupción del servicio y demora en su reposición y quema de artefactos eléctricos tras un alza de voltaje en el caso de la electricidad.
El Director Nacional del SERNAC, Juan Antonio Peribonio, informó que precisamente por estos problemas el organismo ha puesto la lupa en este mercado y ha exigido a las empresas la mayor profesionalidad “pues los consumidores no pueden elegir y cambiarse de compañía cuando reciben un mal servicio”.
El Sernac ha acompañado varios procesos de consumidores afectados: Realizó la mediación colectiva con Aguas Antofagasta, que compensará a los afectados por montos que superan los $167 millones; en Atacama presentó una demanda colectiva contra Aguas Chañar, igualmente en Temuco contra Aguas Araucanía y en la zona central contra Conafe y CGE. Además, recientemente la mediación colectiva con SAESA terminó con compensaciones para los 87 mil consumidores de las Regiones la Araucanía, Los Ríos y Los Lagos, afectados con montos que van desde los $5 mil para quienes sufrieron más de 13 horas sin energía, hasta $50 mil para quienes estuvieron por más de 7 días sin luz, lo que suma más de $929 millones. El Ciudadano
Nuevamente las organizaciones se han lanzado a una serie de movilizaciones por mejoras en la Educación. Ellas, junto con las provocadas por la aprobación ambiental para la construcción de la central eléctrica HidroAysén en la Patagonia, ponen en jaque la comparecencia anual del gobierno al Congreso Nacional para la cuenta del 21 de mayo.
La carismática presidenta de la FECH, Camila Vallejo ha declarado que 30 años de crisis en la Educación es demasiado y que “reafirmamos nuestras demandas y seguiremos movilizados hasta obtener una respuesta concreta y favorable por parte del gobierno” a sus propuestas, que buscan recuperar la educación pública y que dice “han emanado desde el mundo social”.
La verdad es que luego de cuarenta años de municipalización de la educación básica y media, y de más de veinte de apertura de mercado en la superior, los resultados que presenta el país no son satisfactorios. La deuda, responsabilidades más, responsabilidades menos, corresponde por igual a una elite política dedicada con ahínco, durante veinte años, a debatir modificaciones parciales en la educación nacional, pero sin tocar el paradigma privatizador iniciado por la municipalización impulsada por el Gobierno Militar en los años 80 del siglo pasado.
El Mineduc, que cada cierto tiempo habla de revolución educativa, requiere pasar de un simple inyector de recursos y evaluador de resultados a ser una institución que impulse una educación prioritaria integral, acorde con las necesidades del país.
La primera gran ruptura, curiosamente coincidente con estas fechas, se produjo el año 2006, durante el gobierno de Michelle Bachelet. Y ocurrió a partir del sector de menor peso político y doctrinario en el mundo de la educación, el movimiento estudiantil secundario, conocido como la Revolución Pingüina. Su desenlace fue la derogación de la llamada LOCE, Ley Orgánica Constitucional de la Educación, considerada hasta ese momento como un pilar intangible de todo el sistema educativo.
Sin embargo, su reemplazo no implicó una reversión de los malos resultados en materia de calidad, ni la recuperación de la educación pública como un fundamento basal de la igualdad ciudadana, ni tampoco desarrollos significativos en materia de gestión. Así lo demuestran los hechos y los resultados.
Los actuales movimientos estudiantiles insisten en que la lógica de la libertad de empresa en educación no ha cambiado con la nueva Ley General de Educación.
Tampoco se han revertido los procesos de exclusión ciudadana, pese a que la matrícula, sobre todo en la educación superior, ha alcanzado tasas históricas. Los problemas de financiamiento siguen siendo crónicos y la política privatizadora acompañada de las focalizaciones perseguidas por la Concertación, han terminado con una educación fragmentada y quebrada, solo al alcance de los ricos en materia de calidad en las llamadas universidades “Cota 1000”.
Las cifras dan la razón a los estudiantes. La matrícula de educación superior actual llega a 987 mil estudiantes, cuatro veces más que en 1990. Pero mientras en esa misma fecha la matrícula de las universidades públicas era de unos 110 mil estudiantes contra 19 mil en las privadas, y en total sumaba con IP y CFT 245 mil estudiantes, hoy la matrícula de las universidades privadas supera los 400 mil, y sumados los IP y los CFT dejan a la educación pública superior solo con un magro 27%.
En materia de gasto total como porcentaje del PIB, Chile presenta uno de los mayores del mundo, con un 7.3%, muy por sobre de Irlanda (4.3%; Japón, 4.7% y Francia, 6.3%). Pero descomponiendo ese gasto según fuente, se llega a la conclusión que el 45% de el, es decir un 3.7% del 7,3 es de origen privado, es decir corresponde a copago de las familias.
Tal cifra en un país que se encuentra entre los 10 con peores distribuciones de ingreso en el mundo, deja expuesta una realidad dramática en materia de financiamiento.
A ello hay que agregar la duración de las carreras y lo que el profesor Sergio Martinic de la Facultad de Educación de la Universidad Católica llama el riesgo de perder la universidad como el último espacio de integración social que le queda al país por las diferencias económicas en materia de financiamiento, muestran un panorama que no se presta para cuentas alegres.
De ahí que se deba pasar de focalización a políticas públicas integrales, lo que hasta ahora ha estado ausente. El Mineduc, que cada cierto tiempo habla de revolución educativa, requiere pasar de un simple inyector de recursos y evaluador de resultados a ser una institución que impulse una educación prioritaria integral, acorde con las necesidades del país.
Mientras la vocera “rebelde” aparecía en su polémico fashion emergency de la Revista Caras, su padre se frotaba las manos con la aprobación por parte de algunos miembros del senado de la ley que privatiza las semillas. Pocos días después, ya aparece como dueño de la patente de la Quinoa y otros cultivos.
En escándalo se convirtió la privatización de las semillas chilenas y la vía libre a la llegada de los transgénicos, luego de conocerse que además de la norteamericana Monsanto, las patentes de los cultivos chilenos están también en manos de personajes ligados al gobierno y que ahora serán beneficiados por la privatización de las semillas, como el padre de la portavoz de La Moneda, Ena Von Baer.
La olla se destapó cuando el representante de Chile sin Transgénicos, Cristián Sauvageot, denunció en el programa El Semáforo de Radio Universidad de Chile, que de las más de 700 semillas inscritas, la Quínoa ahora es propiedad de Erick Von Baer, padre de la ministra Secretaria General de Gobierno, hasta el año 2016. Además, “Semillas Baer” tiene casi una veintena de variedades registradas, entre las que se cuentan tipos de avena, cebada y una gran variedad en trigo.
Sauvageot subrayó que el polémico convenio se está ratificando, porque es parte de las obligaciones de los tratados de libre comercio que Chile ha suscrito, pero dicha obligación no está considerando otros tratados que protegen los derechos de los agricultores, quienes ahora tendrán que pagar a los dueños de las patentes para sembrar los productos.
Al respecto, Sauvageot recalcó la necesidad de que la nueva legislación genere un equilibrio para obtentores y agricultores.
Por su parte, un grupo de senadores opositores al gobierno recurrirá al Tribunal Constitucional para impedir la promulgación de la ratificación de este convenio.
El senador PPD Jaime Quintana, explicó a Radio Universidad de Chile que “el Convenio 169 tiene rango constitucional y esta norma que se acaba de aprobar es un tratado que Chile ratifica tiene un rango legal. Con esa diferencia y supremacía de una norma sobre otra hay que mirar lo que dice el Convenio 169, y cuando se van pasar a llevar derechos o se van a intervenir prácticas, en este caso del mundo campesino particularmente indígena, deben ser consultadas las comunidades, que es lo que no se hizo en este caso, más bien se votó sin escuchar a genuinos representantes del mundo campesino tanto indígena como no indígena”.
El parlamentario recalcó que este convenio no tenía la obligación de ser ratificado y que sólo lo fue por la presión de grandes consorcios económicos que quieren que Chile produzca alimentos transgénicos (como el caso de Monsanto) y ese es un debate mucho más de fondo.
En sólo 20 nombres se concentra la propiedad de 8 millones de hectáreas, el 50% de la superficie minera concesionada en Chile. CIPER investigó el ranking y descubrió que junto a los gigantes del rubro –Soquimich, Antofagasta Minerals, BHP, Barrick- figuran personas naturales que no son sus verdaderos dueños y que obstruyen ese mercado. Y están también los que han acaparado para hacer negocio con empresas eléctricas, como HidroAysén o Endesa, en una estrategia clave para sus proyectos de expansión. Una de ellas es María Teresa Cañas Pinochet y su sorprendente cartera de inversiones.
Catherine Pastén está lejos de ser millonaria o profesional de la minería. Es dueña de casa, tiene 36 años y vive en una población de Copiapó. No registra bienes raíces a su nombre, pero es una gigante del rubro minero, de acuerdo al registro de propietarios de concesiones para exploración que publica el Sernageomin. Catherine tiene 180 mil hectáreas inscritas a su nombre. Una superficie equivalente a la ciudad de La Serena.
Un poco más abajo figura Roberto Torres, un dibujante técnico de la Cuarta Región cuyas 110 mil hectáreas lo ubican en el lugar 20 del ranking, justo detrás de la Compañía Doña Inés de Collahuasi, que en 2010 obtuvo utilidades por US$2.040 millones.
Sólo 20 nombres se reparten 8 millones de hectáreas, el 50% de la superficie minera concesionada de Chile. Junto a la estatal Codelco, aparecen Soquimich, cuyo controlador principal es Julio Ponce Lerou; la Compañía Minera del Pacífico, del grupo CAP (De Andraca-Von Appen); Antofagasta Minerals (Grupo Luksic) y las multinacionales BHP, AngloAmerican y Barrick. Una nómina en la que también figura Catherine Pastén, Roberto Torres, Pablo Mir y María Teresa Cañas Pinochet, entre otros.
La nómina no hace más que confirmar que el mercado de la minería en Chile, al igual que el de las Isapres, farmacias, AFP y el retail, está concentrado en pocas manos. Un ranking cuyos titulares no varían. Pero sí esconde sorpresas. CIPER investigó y descubrió algunas de ellas. En teoría, un titular de hectáreas de exploración minera busca vetas para en algún momento explotar un yacimiento. Para ello deberá hacer sondajes (como los que se ejecutaron para rescatar a los 33 mineros de la mina San José), y otros trabajos que fácilmente demandarán una inversión de un millón de dólares. Además, deberá pagar una patente anual por la concesión: $800 por hectárea para la exploración y $4.000 por hectárea para la explotación.
En 2010, Catherine debió haber cancelado más de $145 millones en patentes por las 180.000 hectáreas de exploración que posee. Catherine no tenía ese dinero. Tampoco Roberto Torres. Pero las patentes se pagaron.
La primera vez que CIPER contactó a Catherine Pastén, respondió al teléfono desde su casa en Copiapó. Afirmó que en realidad esas concesiones no eran de su propiedad, sino de la minera Kinross, la tercera productora mundial de oro: una compañía canadiense que en 2010 registró una utilidad neta de US$121,6 millones.
“Yo solo firmé unos papeles, pero no me pagan”, dijo Catherine. Y lo justificó como una suerte de “paleteada” a dicha empresa. “No sé si puedo hablar de eso”, agregó.
El abogado Andrés Verdugo, ex fiscal de Enami hasta mayo de 2003 y actual vicepresidente de Kinross en Chile, negó cualquier nexo con Catherine. “La gente de propiedad minera me reporta a mí y no conozco a ninguna Catherine Pastén. Ella no inscribe propiedad a nuestro nombre. Lo desmiento categóricamente”, señaló a CIPER.
Tras hablar con Verdugo, llamamos nuevamente a Catherine. “No tengo nada que ver con ninguna empresa minera”, dijo. Lo cierto es que sí tiene un nexo con dicha empresa: su marido, Oscar Flores, trabaja en el área de propiedad minera de Kinross, en Copiapó. Así lo confirmaron a CIPER en la propia empresa.
En cambio, sin reparos, Roberto Torres contó que la minera para la cual trabaja, la canadiense Polar Mining, por “una cuestión estratégica” le pidió que solicitara hectáreas de exploración a su nombre para luego traspasarlas a la compañía.
-Es una estrategia para expandirnos sin tener problemas. Somos una empresa chica, y cuando una empresa pide propiedad minera, inmediatamente otros la rodean -explicó.
EL MÁS RÁPIDO GANA
Las mineras canadienses no son las únicas que acuden a personas naturales para inscribir propiedad minera. Entre 2007 y 2008, Carla Araya, abogada de Antofagasta Minerals, registró más de 200 mil hectáreas a su nombre. Y Jesús Rojas Patiño, abogado de la minera Pucobre (Grupo Hurtado, accionistas de Entel y del Consorcio Financiero), posee en la actualidad casi 170 mil hectáreas (número 10 del ranking de exploración). Carla Araya hoy está en Estados Unidos. Francisco Veloso, vicepresidente de Asuntos Corporativos de Antofagasta Minerals, explicó a CIPER la lógica detrás del uso de terceros:
-En esto tienes que ser rápido, porque el primero que pide una concesión tiene la preferencia para explotar. Habitualmente se solicita la propiedad a nombre de los abogados, y después se hace la transferencia a la compañía -aclaró.
El problema es que frecuentemente los traspasos tardan mucho tiempo en concretarse. Según la información del Sernageomin, en los últimos tres años el abogado Jesús Rojas ha mantenido a su nombre cientos de miles de hectáreas mineras. También ocurre que la empresa cambia al funcionario que aparecía como titular. Así lo hizo Antofagasta Minerals. Cuando Carla Araya traspasó sus concesiones, surgió otro top en el ranking: el dibujante técnico Mario Araya, con poco más de 122 mil hectáreas, empleado de la misma empresa.
Un abogado experto en derecho minero que pide reserva, señala:
-Esto es un abuso del derecho. En los salmones, por ejemplo, para solicitar una concesión acuícola, si eres empresa, debes estar dotado del giro y además tienes un plazo para iniciar actividades. Si no lo haces, te las caducan, porque estás bloqueando un espacio que podrían ocupar otros. Pero también hay un tema tributario, porque a la señora o el señor X se le debe preguntar de dónde sacó el dinero para pagar sus patentes. Y si además luego le transfieren esa propiedad a la empresa, hay un precio, una transacción, y debiese haber un pago tributario de por medio. Esto revela una vez más que en la minería el área tributaria es una caja negra.
Tanto Catherine Pastén como Roberto Torres afirman que no recibieron pagos por prestar su nombre para estas inscripciones. En Impuestos Internos corroboran que el uso de personas naturales por las empresas para inscribir propiedad es una práctica del rubro. Y agregan: pero mientras no se produzca una renta con el traspaso de propiedad no hay problemas impositivos.
TERRITORIO OCUPADO
La acumulación de propiedad minera en unos pocos tiene consecuencias directas en un mercado clave para Chile en los próximos 20 años. En las regiones del Norte, por ejemplo, prácticamente no hay espacios libres para que nuevas empresas realicen exploración de yacimientos. Según estudios de Cochilco, el 70% de la superficie de la Región de Tarapacá está otorgada en concesiones mineras, el 69% de la Región Antofagasta, el 70% de la Región de Atacama y el 58% de la Región de Coquimbo. En Canadá, también país minero, ocurre lo contrario: la mayor parte de su territorio está libre para que las empresas de exploración (básicamente medianas) hagan su trabajo. Lo mismo pasa en México, Argentina, Perú y Australia. En Chile, es al revés, las grandes empresas acumulan por años miles de hectáreas, explorando y explotando apenas un porcentaje.
En los países donde funciona el mercado y se fomenta la libre competencia, dice un abogado del rubro, se dan “’permisos de exploración por un tiempo fijo, de manera que si por cualquier motivo una compañía dilata la exploración, deje el terreno libre a otra empresa”.
Según los cálculos de José Joaquín Jara, del Centro de Estudios del Cobre y la Minería (Cesco), en 2009 se habían constituido en Chile concesiones de explotación por más de 10 millones de hectáreas, pero se explotaba menos del 10%: entre 600 mil y 800 mil hectáreas. Entre las empresas que acumulan la mayor superficie, destaca Soquimich: registra más del 20% de las concesiones de explotación y el 7% de las de exploración.
-Eso es codicia. Es tener derechos en todas partes -reflexiona la abogada Laura Novoa, una de las mayores expertas en derecho minero.
LA BICICLETA
Según la Ley Minera, las concesiones mineras duran dos años y son renovables por otros dos, pero sólo por la mitad de la superficie. La idea es justamente que las compañías exploren y dejen a otros hacerlo. La abogada Laura Novoa, asesora de empresas mineras, tiene claro cómo operan las grandes compañías para acumular sin soltar.
A través de abogados o palos blancos, en los últimos 20 años han solicitado cientos de concesiones de exploración. Y las mantienen en su poder. ¿Cómo? Presentando solicitudes de concesión sucesivamente, por exactamente la misma superficie pero bautizando la propiedad cada vez con un nombre distinto, lo que deriva en una nueva sentencia judicial. Y así, religiosamente, cada dos años. Una bicicleta que requiere dinero para su mantención.
-Por como está concebido el sistema, se presta para este tipo de maniobras a las cuales son muy adictos los abogados, los técnicos y los mineros -resume la abogada Novoa.
LA PECULIARIDAD DE CAÑAS
Otra consecuencia de este modelo ha sido el surgimiento de los llamados “mineros de papel”: personas que adquieren concesiones mineras no para explotar, sino para negociar sus derechos con grandes empresas, que no necesariamente son mineras. Porque la concesión da derechos sobre el subsuelo de un terreno, lo que finalmente determina el valor de una propiedad y la viabilidad de distintos proyectos.
Por ejemplo, para una empresa eléctrica que proyecta instalar una central en una zona agrícola, una empresa inmobiliaria que busca construir un condominio o la concesionaria de una nueva autopista, resulta clave poseer esas concesiones para evitarse sorpresas. Así, una empresa eléctrica al mismo tiempo que diseña su trazado, buscará ser titular de las concesiones alrededor de dicha superficie.
La ingeniera químico María Teresa Cañas Pinochet, sobrina de Augusto Pinochet, es experta en ese negocio. En 1980, Pinochet la nombró presidenta del directorio del Instituto de Investigaciones Geológicas, que al año siguiente se convirtió en el Sernageomin. Y la mantuvo al mando hasta el final del régimen (1990). A su marido, Jorge Iván de la Barra Valle, lo nombró vicepresidente del Banco Central el 31 de diciembre de 1981.
Al retornar la democracia, Cañas Pinochet y de la Barra crearon la sociedad “María Teresa Cañas y Compañía Limitada”, para asesorar, evaluar y realizar inversiones mineras, entre otras. Además, constituyeron una decena de otras sociedades, entre las cuales destacan tres vinculadas al rubro: Sosmin Limitada (Sondajes y Servicios para la Minería); Compañía Minera Iri Chile y Minera Oro Andino (1995). En esta última Cañas aporta la “obtención de propiedades mineras”. En paralelo, Cañas ejercía como “perito mensurador minero”, el profesional que la Ley Minera exige para solicitar concesiones (designada por Aylwin, 1993; y Lagos, 2006).
Actualmente, Cañas y dos de sus hijos, Jorge y Andrea de la Barra, figuran entre los mayores propietarios de concesiones mineras. Cuando se digita el Rut de María Teresa Cañas en el catastro del Sernageomin, la imagen es elocuente: exhibe propiedades en 6 de las 15 regiones de Chile. ¿Quiénes son sus clientes? Básicamente empresas eléctricas, como HidroAysén, Endesa y Transelec.
La ONG Geoaustral contabilizó las solicitudes mineras de la empresa de Cañas en representación de Endesa: sólo en la provincia de Llanquihue (Décima Región), figuran 500, de entre 200 y 300 hectáreas cada una.
El representante de Geoaustral, Mauricio Fierro, explicó: -Endesa es dueña de los ríos más importantes del sur. Para poder asegurar las áreas de inundación de cada una de sus centrales, lo que hace es tratar de bajar el valor de la tierra para luego tomar su control. ¿Cómo? A través de la Ley Minera. Como por estatutos corporativos Endesa no puede hacer los pedimentos mineros directamente, lo hace a través de María Teresa Cañas.
Cañas suma otro centenar de solicitudes por encargo de HidroAysén. Lo anterior fue revelado en 2006 por el abogado Álvaro Varela, en representación de 15 ganaderos de Aysén. “Por la vía de solicitar la concesión minera esa empresa está gravando los campos que ella misma va a inundar, y con eso estos tienen un menor valor”, reclama Varela.
En HidroAysén afirman que no tienen otra alternativa: “Las empresas que desarrollan proyectos de infraestructura deben contratar consultores con experiencia en la tramitación de concesiones mineras. Ello, con el objeto de proteger sus desarrollos de especuladores que abusan y, en algunos casos, extorsionan a los titulares de proyectos legítimos”, afirmó a CIPER, Camilo Charme, gerente legal del megaproyecto HidroAysén.
-Si estuviésemos en una región minera, podría creer lo de la especulación, pues allí hay una fuerte disputa por la propiedad. Pero aquí eso no existe. Ellos están especulando con la especulación, pues su objetivo es afectar terrenos que ellos mismos van a tener que comprar y por esa vía bajarles el precio -refuta Álvaro Varela.
En los últimos 30 años, el matrimonio Cañas de la Barra ha diversificado sus inversiones a través de otras sociedades pesqueras, agrícolas, madereras y de inversiones. Entre sus emprendimientos, llama la atención la sociedad South Pacific Fishing, constituida por Jorge de la Barra en sociedad con Manuel Losada Martínez, el empresario porteño que en 2009 fue condenado como autor del delito de asociación ilícita para el tráfico de estupefacientes (“Operación Océano”). La investigación judicial estableció que dineros del Cartel de Cali fueron traspasados a la South Pacific Fishing (Ver Reportaje).
LA LEY CUESTIONADA
En los últimos cuatro años han surgido voces exigiendo cambios drásticos al mercado minero para garantizar mayor competencia. Un giro que sólo puede materializarse con una reforma a la Constitución y uno de sus cimientos: el derecho de propiedad. La Ley Minera fue creación de José Piñera, hermano del Presidente, a comienzos de los ‘80. Su gran objetivo lo explica el propio Piñera, en su página web del Cato Institute. “El desafío para 1981 era elaborar una legislación de rango constitucional que asegurara derechos sólidos de propiedad en el emblemático y potencialmente rico sector minero (…) Para los inversionistas privados este aspecto era de gran importancia dada la historia de confiscaciones en los países con recursos naturales, y especialmente la experiencia de 1971 en Chile”, explica.
A propósito de los 20 años de la Ley Minera (octubre 2002), José Piñera afirmó: “quiero destacar que durante los tres gobiernos posteriores a aquel en que se dictó esta ley, pese a la injusta campaña en su contra (…) no se ha pretendido cambiar ni siquiera una coma de la Ley Constitucional Minera”.
En la oposición a cualquier cambio a la normativa, se alinean el Consejo Minero, que agrupa a las grandes empresas del rubro; la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) y los abogados cerebros del Código Minero: Juan Luis Ossa, actual asesor del ministro Golborne y Samuel Lira, ex ministro de minería de Pinochet, quien participó en la elaboración y dictación del Código de Minería en 1983.
La abogada Laura Novoa, quien trabajó con José Piñera en la redacción de la ley, está convencida de que hay que hacerse cargo del problema y modificar la Constitución. Y propone cambiar el mecanismo por el cual hoy se obtienen las concesiones de exploración. Su propuesta es sacarlas de los tribunales y transformarlas en un trámite administrativo, un permiso, como funciona en otros países. Y agregaría nuevas exigencias: que detrás de las solicitudes haya proyectos mineros y con un plazo de vencimiento.
-Con un sistema como ése mejorarían efectivamente los problemas que presenta la concesión actual, que se presta para una concentración gigantesca; para abuso y mal uso -acota Novoa.
El ministro de Minería, Laurence Golborne, también está por incentivar un mercado más abierto, pero no busca reformar la normativa, sino crear un fondo de inversión.
“Estamos trabajando con la Corfo para desarrollar compañías que se dediquen a la exploración minera. Son líneas de crédito para empresas medianas y chicas que hoy no tienen acceso al mercado de capitales. Lo hemos llamado Fondo Fénix”, anunció Golborne a comienzos de abril.
“Este fondo puede depender de que haya o no lugares para explorar”, dice el economista de Cochilco, José Joaquín Jara. “El problema no tiene que ver con el financiamiento, sino con la disponibilidad de propiedad minera”, complementa Juan Carlos Guajardo, director del Cesco.
A 30 años de la entrada en vigencia de la Ley Minera, el debate está en la agenda: qué cambios se harán para terminar con una concentración que hoy asfixia al mercado. ¿Querrá el Presidente modificar uno de los mayores trofeos de su hermano?
UN ABOGADO ENTRE GIGANTES
Otro profesional que acumula miles de hectáreas de propiedad minera de exploración, es Pablo Mir Balmaceda, socio del estudio Bofill, Mir & Álvarez Jana y uno de los más destacados abogados mineros en Chile, según el ranking Chambers. De acuerdo a la nómina de Sernageomin, en 2007 estaba en el séptimo lugar, con 213.500 hectáreas, apenas tres puestos más atrás que el gigante Soquimich. En 2010, pasó al lugar 13, con 157.700 hectáreas, casi la mitad de las que posee el poderoso grupo Luksic a través de su holding Antofagasta Minerals.
-¿Por qué aparezco con muchas propiedades mineras? Básicamente por dos razones: una es que tengo clientes extranjeros que quieren asegurar determinadas zonas para explorar, pero como formalmente no están constituidos en Chile, piden la concesión a nombre mío. Como en esta cuestión de los minerales, el primero que llega gana…Otra situación que se da mucho tiene que ver con un tema estratégico. Muchas compañías no quieren que se sepa que son ellos los que están en determinado lugar –explicó a CIPER.
El abogado Mir ha constituido decenas de sociedades mineras desde mediados de los ‘90, en conjunto con su ex socio Michael Grasty (abogado y socio fundador del estudio Grasty Quintana Majlis & Cia, ex presidente de la Cámara Chileno Norteamericana de Comercio, Amcham); y con Octavio Bofill, con quien comparte participación en el bufete Bofill, Mir & Álvarez Jana.
Sus clientes son básicamente empresas extranjeras: las canadienses Iron Creek, Atacama Minerals, Coro Mining Corp y la brasileña Vale do Río Doce (para la cual formó la sociedad Compañía Minera Latinoamericana Ltda. en Chile). También tiene negocios con los peruanos del holding Hochschild. En total, alrededor de 15 compañías, que el abogado prefiere no identificar.
En general, la figura con la que trabaja Mir es la siguiente: constituye en Chile sociedades con empresas interesadas en realizar exploración o explotación minera. En la mayoría de los casos, se trata de compañías extranjeras cuyo domicilio está registrado en paraísos fiscales, como Aruba, Las Islas Vírgenes Británicas o Antigua, donde no pagan impuestos, o pagan muy poco.
Por ejemplo, en junio de 2003, Mir y Tombstone Aruba crearon la sociedad de responsabilidad limitada “Compañía Minera Mena Resources”. Luego, esta sociedad se transforma, cede derechos, se crean nuevas firmas o las divide: un organigrama que queda registrado en el Diario Oficial.
Es lo que ocurre con Mena Resources: en abril de 2008, Tombstone Aruba, con domicilio en Aruba, cedió sus derechos a la sociedad Iron Creek Chile (minera canadiense), cuyo domicilio está registrado en las Islas Vírgenes Británicas. Luego, en febrero de 2011, Mena Resources, que ya poseía un capital de $1.036.994.734, fue dividida en dos nuevas razones sociales. La misma matriz se siguió para constituir Minera Cielo Azul Limitada y Latin American Cooper Chile.
-Yo jamás he invertido en propiedades mineras. He invertido en acciones de compañías mineras, pero propiedades mías… Por cosas que sé, por mi experiencia profesional, puedo llegar a la Bolsa y agarrar un palo blanco, ver cierta información, pero es un tema en el que he sido súper riguroso. Sé que hay otros abogados que participan en el negocio, yo jamás. Y llevo veintitantos años en esto -aseguró.
En sólo 20 nombres se concentra la propiedad de 8 millones de hectáreas, el 50% de la superficie minera concesionada en Chile. CIPER investigó el ranking y descubrió que junto a los gigantes del rubro –Soquimich, Antofagasta Minerals, BHP, Barrick- figuran personas naturales que no son sus verdaderos dueños y que obstruyen ese mercado. Y están también los que han acaparado para hacer negocio con empresas eléctricas, como HidroAysén o Endesa, en una estrategia clave para sus proyectos de expansión. Una de ellas es María Teresa Cañas Pinochet y su sorprendente cartera de inversiones.
Catherine Pastén está lejos de ser millonaria o profesional de la minería. Es dueña de casa, tiene 36 años y vive en una población de Copiapó. No registra bienes raíces a su nombre, pero es una gigante del rubro minero, de acuerdo al registro de propietarios de concesiones para exploración que publica el Sernageomin. Catherine tiene 180 mil hectáreas inscritas a su nombre. Una superficie equivalente a la ciudad de La Serena.
Un poco más abajo figura Roberto Torres, un dibujante técnico de la Cuarta Región cuyas 110 mil hectáreas lo ubican en el lugar 20 del ranking, justo detrás de la Compañía Doña Inés de Collahuasi, que en 2010 obtuvo utilidades por US$2.040 millones.
Sólo 20 nombres se reparten 8 millones de hectáreas, el 50% de la superficie minera concesionada de Chile. Junto a la estatal Codelco, aparecen Soquimich, cuyo controlador principal es Julio Ponce Lerou; la Compañía Minera del Pacífico, del grupo CAP (De Andraca-Von Appen); Antofagasta Minerals (Grupo Luksic) y las multinacionales BHP, AngloAmerican y Barrick. Una nómina en la que también figura Catherine Pastén, Roberto Torres, Pablo Mir y María Teresa Cañas Pinochet, entre otros.
La nómina no hace más que confirmar que el mercado de la minería en Chile, al igual que el de las Isapres, farmacias, AFP y el retail, está concentrado en pocas manos. Un ranking cuyos titulares no varían. Pero sí esconde sorpresas. CIPER investigó y descubrió algunas de ellas. En teoría, un titular de hectáreas de exploración minera busca vetas para en algún momento explotar un yacimiento. Para ello deberá hacer sondajes (como los que se ejecutaron para rescatar a los 33 mineros de la mina San José), y otros trabajos que fácilmente demandarán una inversión de un millón de dólares. Además, deberá pagar una patente anual por la concesión: $800 por hectárea para la exploración y $4.000 por hectárea para la explotación.
En 2010, Catherine debió haber cancelado más de $145 millones en patentes por las 180.000 hectáreas de exploración que posee. Catherine no tenía ese dinero. Tampoco Roberto Torres. Pero las patentes se pagaron.
La primera vez que CIPER contactó a Catherine Pastén, respondió al teléfono desde su casa en Copiapó. Afirmó que en realidad esas concesiones no eran de su propiedad, sino de la minera Kinross, la tercera productora mundial de oro: una compañía canadiense que en 2010 registró una utilidad neta de US$121,6 millones.
“Yo solo firmé unos papeles, pero no me pagan”, dijo Catherine. Y lo justificó como una suerte de “paleteada” a dicha empresa. “No sé si puedo hablar de eso”, agregó.
El abogado Andrés Verdugo, ex fiscal de Enami hasta mayo de 2003 y actual vicepresidente de Kinross en Chile, negó cualquier nexo con Catherine. “La gente de propiedad minera me reporta a mí y no conozco a ninguna Catherine Pastén. Ella no inscribe propiedad a nuestro nombre. Lo desmiento categóricamente”, señaló a CIPER.
Tras hablar con Verdugo, llamamos nuevamente a Catherine. “No tengo nada que ver con ninguna empresa minera”, dijo. Lo cierto es que sí tiene un nexo con dicha empresa: su marido, Oscar Flores, trabaja en el área de propiedad minera de Kinross, en Copiapó. Así lo confirmaron a CIPER en la propia empresa.
En cambio, sin reparos, Roberto Torres contó que la minera para la cual trabaja, la canadiense Polar Mining, por “una cuestión estratégica” le pidió que solicitara hectáreas de exploración a su nombre para luego traspasarlas a la compañía.
-Es una estrategia para expandirnos sin tener problemas. Somos una empresa chica, y cuando una empresa pide propiedad minera, inmediatamente otros la rodean -explicó.
EL MÁS RÁPIDO GANA
Las mineras canadienses no son las únicas que acuden a personas naturales para inscribir propiedad minera. Entre 2007 y 2008, Carla Araya, abogada de Antofagasta Minerals, registró más de 200 mil hectáreas a su nombre. Y Jesús Rojas Patiño, abogado de la minera Pucobre (Grupo Hurtado, accionistas de Entel y del Consorcio Financiero), posee en la actualidad casi 170 mil hectáreas (número 10 del ranking de exploración). Carla Araya hoy está en Estados Unidos. Francisco Veloso, vicepresidente de Asuntos Corporativos de Antofagasta Minerals, explicó a CIPER la lógica detrás del uso de terceros:
-En esto tienes que ser rápido, porque el primero que pide una concesión tiene la preferencia para explotar. Habitualmente se solicita la propiedad a nombre de los abogados, y después se hace la transferencia a la compañía -aclaró.
El problema es que frecuentemente los traspasos tardan mucho tiempo en concretarse. Según la información del Sernageomin, en los últimos tres años el abogado Jesús Rojas ha mantenido a su nombre cientos de miles de hectáreas mineras. También ocurre que la empresa cambia al funcionario que aparecía como titular. Así lo hizo Antofagasta Minerals. Cuando Carla Araya traspasó sus concesiones, surgió otro top en el ranking: el dibujante técnico Mario Araya, con poco más de 122 mil hectáreas, empleado de la misma empresa.
Un abogado experto en derecho minero que pide reserva, señala:
-Esto es un abuso del derecho. En los salmones, por ejemplo, para solicitar una concesión acuícola, si eres empresa, debes estar dotado del giro y además tienes un plazo para iniciar actividades. Si no lo haces, te las caducan, porque estás bloqueando un espacio que podrían ocupar otros. Pero también hay un tema tributario, porque a la señora o el señor X se le debe preguntar de dónde sacó el dinero para pagar sus patentes. Y si además luego le transfieren esa propiedad a la empresa, hay un precio, una transacción, y debiese haber un pago tributario de por medio. Esto revela una vez más que en la minería el área tributaria es una caja negra.
Tanto Catherine Pastén como Roberto Torres afirman que no recibieron pagos por prestar su nombre para estas inscripciones. En Impuestos Internos corroboran que el uso de personas naturales por las empresas para inscribir propiedad es una práctica del rubro. Y agregan: pero mientras no se produzca una renta con el traspaso de propiedad no hay problemas impositivos.
TERRITORIO OCUPADO
La acumulación de propiedad minera en unos pocos tiene consecuencias directas en un mercado clave para Chile en los próximos 20 años. En las regiones del Norte, por ejemplo, prácticamente no hay espacios libres para que nuevas empresas realicen exploración de yacimientos. Según estudios de Cochilco, el 70% de la superficie de la Región de Tarapacá está otorgada en concesiones mineras, el 69% de la Región Antofagasta, el 70% de la Región de Atacama y el 58% de la Región de Coquimbo. En Canadá, también país minero, ocurre lo contrario: la mayor parte de su territorio está libre para que las empresas de exploración (básicamente medianas) hagan su trabajo. Lo mismo pasa en México, Argentina, Perú y Australia. En Chile, es al revés, las grandes empresas acumulan por años miles de hectáreas, explorando y explotando apenas un porcentaje.
En los países donde funciona el mercado y se fomenta la libre competencia, dice un abogado del rubro, se dan “’permisos de exploración por un tiempo fijo, de manera que si por cualquier motivo una compañía dilata la exploración, deje el terreno libre a otra empresa”.
Según los cálculos de José Joaquín Jara, del Centro de Estudios del Cobre y la Minería (Cesco), en 2009 se habían constituido en Chile concesiones de explotación por más de 10 millones de hectáreas, pero se explotaba menos del 10%: entre 600 mil y 800 mil hectáreas. Entre las empresas que acumulan la mayor superficie, destaca Soquimich: registra más del 20% de las concesiones de explotación y el 7% de las de exploración.
-Eso es codicia. Es tener derechos en todas partes -reflexiona la abogada Laura Novoa, una de las mayores expertas en derecho minero.
LA BICICLETA
Según la Ley Minera, las concesiones mineras duran dos años y son renovables por otros dos, pero sólo por la mitad de la superficie. La idea es justamente que las compañías exploren y dejen a otros hacerlo. La abogada Laura Novoa, asesora de empresas mineras, tiene claro cómo operan las grandes compañías para acumular sin soltar.
A través de abogados o palos blancos, en los últimos 20 años han solicitado cientos de concesiones de exploración. Y las mantienen en su poder. ¿Cómo? Presentando solicitudes de concesión sucesivamente, por exactamente la misma superficie pero bautizando la propiedad cada vez con un nombre distinto, lo que deriva en una nueva sentencia judicial. Y así, religiosamente, cada dos años. Una bicicleta que requiere dinero para su mantención.
-Por como está concebido el sistema, se presta para este tipo de maniobras a las cuales son muy adictos los abogados, los técnicos y los mineros -resume la abogada Novoa.
LA PECULIARIDAD DE CAÑAS
Otra consecuencia de este modelo ha sido el surgimiento de los llamados “mineros de papel”: personas que adquieren concesiones mineras no para explotar, sino para negociar sus derechos con grandes empresas, que no necesariamente son mineras. Porque la concesión da derechos sobre el subsuelo de un terreno, lo que finalmente determina el valor de una propiedad y la viabilidad de distintos proyectos.
Por ejemplo, para una empresa eléctrica que proyecta instalar una central en una zona agrícola, una empresa inmobiliaria que busca construir un condominio o la concesionaria de una nueva autopista, resulta clave poseer esas concesiones para evitarse sorpresas. Así, una empresa eléctrica al mismo tiempo que diseña su trazado, buscará ser titular de las concesiones alrededor de dicha superficie.
La ingeniera químico María Teresa Cañas Pinochet, sobrina de Augusto Pinochet, es experta en ese negocio. En 1980, Pinochet la nombró presidenta del directorio del Instituto de Investigaciones Geológicas, que al año siguiente se convirtió en el Sernageomin. Y la mantuvo al mando hasta el final del régimen (1990). A su marido, Jorge Iván de la Barra Valle, lo nombró vicepresidente del Banco Central el 31 de diciembre de 1981.
Al retornar la democracia, Cañas Pinochet y de la Barra crearon la sociedad “María Teresa Cañas y Compañía Limitada”, para asesorar, evaluar y realizar inversiones mineras, entre otras. Además, constituyeron una decena de otras sociedades, entre las cuales destacan tres vinculadas al rubro: Sosmin Limitada (Sondajes y Servicios para la Minería); Compañía Minera Iri Chile y Minera Oro Andino (1995). En esta última Cañas aporta la “obtención de propiedades mineras”. En paralelo, Cañas ejercía como “perito mensurador minero”, el profesional que la Ley Minera exige para solicitar concesiones (designada por Aylwin, 1993; y Lagos, 2006).
Actualmente, Cañas y dos de sus hijos, Jorge y Andrea de la Barra, figuran entre los mayores propietarios de concesiones mineras. Cuando se digita el Rut de María Teresa Cañas en el catastro del Sernageomin, la imagen es elocuente: exhibe propiedades en 6 de las 15 regiones de Chile. ¿Quiénes son sus clientes? Básicamente empresas eléctricas, como HidroAysén, Endesa y Transelec.
La ONG Geoaustral contabilizó las solicitudes mineras de la empresa de Cañas en representación de Endesa: sólo en la provincia de Llanquihue (Décima Región), figuran 500, de entre 200 y 300 hectáreas cada una.
El representante de Geoaustral, Mauricio Fierro, explicó: -Endesa es dueña de los ríos más importantes del sur. Para poder asegurar las áreas de inundación de cada una de sus centrales, lo que hace es tratar de bajar el valor de la tierra para luego tomar su control. ¿Cómo? A través de la Ley Minera. Como por estatutos corporativos Endesa no puede hacer los pedimentos mineros directamente, lo hace a través de María Teresa Cañas.
Cañas suma otro centenar de solicitudes por encargo de HidroAysén. Lo anterior fue revelado en 2006 por el abogado Álvaro Varela, en representación de 15 ganaderos de Aysén. “Por la vía de solicitar la concesión minera esa empresa está gravando los campos que ella misma va a inundar, y con eso estos tienen un menor valor”, reclama Varela.
En HidroAysén afirman que no tienen otra alternativa: “Las empresas que desarrollan proyectos de infraestructura deben contratar consultores con experiencia en la tramitación de concesiones mineras. Ello, con el objeto de proteger sus desarrollos de especuladores que abusan y, en algunos casos, extorsionan a los titulares de proyectos legítimos”, afirmó a CIPER, Camilo Charme, gerente legal del megaproyecto HidroAysén.
-Si estuviésemos en una región minera, podría creer lo de la especulación, pues allí hay una fuerte disputa por la propiedad. Pero aquí eso no existe. Ellos están especulando con la especulación, pues su objetivo es afectar terrenos que ellos mismos van a tener que comprar y por esa vía bajarles el precio -refuta Álvaro Varela.
En los últimos 30 años, el matrimonio Cañas de la Barra ha diversificado sus inversiones a través de otras sociedades pesqueras, agrícolas, madereras y de inversiones. Entre sus emprendimientos, llama la atención la sociedad South Pacific Fishing, constituida por Jorge de la Barra en sociedad con Manuel Losada Martínez, el empresario porteño que en 2009 fue condenado como autor del delito de asociación ilícita para el tráfico de estupefacientes (“Operación Océano”). La investigación judicial estableció que dineros del Cartel de Cali fueron traspasados a la South Pacific Fishing (Ver Reportaje).
LA LEY CUESTIONADA
En los últimos cuatro años han surgido voces exigiendo cambios drásticos al mercado minero para garantizar mayor competencia. Un giro que sólo puede materializarse con una reforma a la Constitución y uno de sus cimientos: el derecho de propiedad. La Ley Minera fue creación de José Piñera, hermano del Presidente, a comienzos de los ‘80. Su gran objetivo lo explica el propio Piñera, en su página web del Cato Institute. “El desafío para 1981 era elaborar una legislación de rango constitucional que asegurara derechos sólidos de propiedad en el emblemático y potencialmente rico sector minero (…) Para los inversionistas privados este aspecto era de gran importancia dada la historia de confiscaciones en los países con recursos naturales, y especialmente la experiencia de 1971 en Chile”, explica.
A propósito de los 20 años de la Ley Minera (octubre 2002), José Piñera afirmó: “quiero destacar que durante los tres gobiernos posteriores a aquel en que se dictó esta ley, pese a la injusta campaña en su contra (…) no se ha pretendido cambiar ni siquiera una coma de la Ley Constitucional Minera”.
En la oposición a cualquier cambio a la normativa, se alinean el Consejo Minero, que agrupa a las grandes empresas del rubro; la Sociedad Nacional de Minería (Sonami) y los abogados cerebros del Código Minero: Juan Luis Ossa, actual asesor del ministro Golborne y Samuel Lira, ex ministro de minería de Pinochet, quien participó en la elaboración y dictación del Código de Minería en 1983.
La abogada Laura Novoa, quien trabajó con José Piñera en la redacción de la ley, está convencida de que hay que hacerse cargo del problema y modificar la Constitución. Y propone cambiar el mecanismo por el cual hoy se obtienen las concesiones de exploración. Su propuesta es sacarlas de los tribunales y transformarlas en un trámite administrativo, un permiso, como funciona en otros países. Y agregaría nuevas exigencias: que detrás de las solicitudes haya proyectos mineros y con un plazo de vencimiento.
-Con un sistema como ése mejorarían efectivamente los problemas que presenta la concesión actual, que se presta para una concentración gigantesca; para abuso y mal uso -acota Novoa.
El ministro de Minería, Laurence Golborne, también está por incentivar un mercado más abierto, pero no busca reformar la normativa, sino crear un fondo de inversión.
“Estamos trabajando con la Corfo para desarrollar compañías que se dediquen a la exploración minera. Son líneas de crédito para empresas medianas y chicas que hoy no tienen acceso al mercado de capitales. Lo hemos llamado Fondo Fénix”, anunció Golborne a comienzos de abril.
“Este fondo puede depender de que haya o no lugares para explorar”, dice el economista de Cochilco, José Joaquín Jara. “El problema no tiene que ver con el financiamiento, sino con la disponibilidad de propiedad minera”, complementa Juan Carlos Guajardo, director del Cesco.
A 30 años de la entrada en vigencia de la Ley Minera, el debate está en la agenda: qué cambios se harán para terminar con una concentración que hoy asfixia al mercado. ¿Querrá el Presidente modificar uno de los mayores trofeos de su hermano?
UN ABOGADO ENTRE GIGANTES
Otro profesional que acumula miles de hectáreas de propiedad minera de exploración, es Pablo Mir Balmaceda, socio del estudio Bofill, Mir & Álvarez Jana y uno de los más destacados abogados mineros en Chile, según el ranking Chambers. De acuerdo a la nómina de Sernageomin, en 2007 estaba en el séptimo lugar, con 213.500 hectáreas, apenas tres puestos más atrás que el gigante Soquimich. En 2010, pasó al lugar 13, con 157.700 hectáreas, casi la mitad de las que posee el poderoso grupo Luksic a través de su holding Antofagasta Minerals.
-¿Por qué aparezco con muchas propiedades mineras? Básicamente por dos razones: una es que tengo clientes extranjeros que quieren asegurar determinadas zonas para explorar, pero como formalmente no están constituidos en Chile, piden la concesión a nombre mío. Como en esta cuestión de los minerales, el primero que llega gana…Otra situación que se da mucho tiene que ver con un tema estratégico. Muchas compañías no quieren que se sepa que son ellos los que están en determinado lugar –explicó a CIPER.
El abogado Mir ha constituido decenas de sociedades mineras desde mediados de los ‘90, en conjunto con su ex socio Michael Grasty (abogado y socio fundador del estudio Grasty Quintana Majlis & Cia, ex presidente de la Cámara Chileno Norteamericana de Comercio, Amcham); y con Octavio Bofill, con quien comparte participación en el bufete Bofill, Mir & Álvarez Jana.
Sus clientes son básicamente empresas extranjeras: las canadienses Iron Creek, Atacama Minerals, Coro Mining Corp y la brasileña Vale do Río Doce (para la cual formó la sociedad Compañía Minera Latinoamericana Ltda. en Chile). También tiene negocios con los peruanos del holding Hochschild. En total, alrededor de 15 compañías, que el abogado prefiere no identificar.
En general, la figura con la que trabaja Mir es la siguiente: constituye en Chile sociedades con empresas interesadas en realizar exploración o explotación minera. En la mayoría de los casos, se trata de compañías extranjeras cuyo domicilio está registrado en paraísos fiscales, como Aruba, Las Islas Vírgenes Británicas o Antigua, donde no pagan impuestos, o pagan muy poco.
Por ejemplo, en junio de 2003, Mir y Tombstone Aruba crearon la sociedad de responsabilidad limitada “Compañía Minera Mena Resources”. Luego, esta sociedad se transforma, cede derechos, se crean nuevas firmas o las divide: un organigrama que queda registrado en el Diario Oficial.
Es lo que ocurre con Mena Resources: en abril de 2008, Tombstone Aruba, con domicilio en Aruba, cedió sus derechos a la sociedad Iron Creek Chile (minera canadiense), cuyo domicilio está registrado en las Islas Vírgenes Británicas. Luego, en febrero de 2011, Mena Resources, que ya poseía un capital de $1.036.994.734, fue dividida en dos nuevas razones sociales. La misma matriz se siguió para constituir Minera Cielo Azul Limitada y Latin American Cooper Chile.
-Yo jamás he invertido en propiedades mineras. He invertido en acciones de compañías mineras, pero propiedades mías… Por cosas que sé, por mi experiencia profesional, puedo llegar a la Bolsa y agarrar un palo blanco, ver cierta información, pero es un tema en el que he sido súper riguroso. Sé que hay otros abogados que participan en el negocio, yo jamás. Y llevo veintitantos años en esto -aseguró.